
En la observación del comportamiento humano se puede apreciar la presencia de multitud de procesamientos o activaciones mentales de origen espontáneo y no consciente. Un ejemplo claro son los movimientos corporales. Aunque en cierta medida podamos dirigirlos o inhibirlos, no podemos percibir el detalle de cómo se procesan y producen en nuestra mente todas las activaciones musculares que los constituyen. Si nos tocamos la barbilla con nuestro dedo índice podemos apreciar el desarrollo del movimiento gracias a la información visual y propioceptiva que nuestros sentidos exponen en nuestra consciencia. Pero no conocemos la intensidad y el orden de todas las activaciones musculares que han producido el movimiento. Otra cosa es que lo repitamos varias veces para intentar racionalizarlo y deducir qué músculos intervienen en su desarrollo. Pero no dejará de ser una aproximación racional a unos procesamientos y activaciones neuronales que sin duda alguna se producen fuera de nuestra consciencia y de nuestro conocimiento.
Cuando tarareamos una melodía también queda patente la existencia de procesamientos mentales no racionales. Las personas con un cierto oído musical pueden cantar una melodía con cierta gracia y precisión, a pesar de que en la mayoría de los casos no tendrán ni idea de la relación tonal y rítmica de las notas que constituyen la melodía. Simplemente los sonidos acuden a su mente y ellos los reproducen. Y no es una cuestión de pura memoria auditiva, porque, a veces, la misma melodía la cantamos en diferente tonalidad, lo que requiere un procesamiento mental para adaptar toda la melodía a la nueva tonalidad.
La presencia de los procesamientos y activaciones espontáneas la podemos apreciar en prácticamente todas las actividades que realizamos los seres humanos. El problema es que, en muchos casos, esta actividad mental espontánea y no consciente se mezcla con la actividad racional y consciente, dificultando enormemente su diferenciación. Además, la mezcla de estos dos tipos de procesamiento presenta distintas proporciones según el caso. Incluso un mismo comportamiento, como por ejemplo andar en bicicleta, puede presentar diferentes proporciones entre los dos tipos de procesamiento en función del grado de implantación que tenga dicho comportamiento. Cuando aprendemos a ir en bicicleta, durante los primeros intentos nuestra capacidad racional tendrá una participación muchísimo mayor que la que tendrá cuando tengamos esta habilidad totalmente desarrollada e integrada.
Las activaciones espontáneas y no conscientes se producen constantemente y a una velocidad de vértigo. Por ejemplo, cuando mantenemos una conversación oral con otra persona no tenemos tiempo de reflexionar sobre la conveniencia de cada una de las palabras que utilizamos. La mayoría de las palabras simplemente surgen de manera espontánea en virtud de activaciones y procesamientos mentales no conscientes. De hecho, si tuviéramos que reflexionar sobre cada una de las palabras y expresiones que utilizamos, nuestras comunicaciones orales serían mucho más lentas de lo que son. Por el contrario, en el lenguaje escrito sí que solemos tener más tiempo de supervisar y dirigir la producción de los textos mediante nuestra capacidad racional.
La presencia de actividad mental espontánea se aprecia no solo en los recursos comunicativos que utilizamos para expresar nuestras ideas, si no que también se observa en la producción en sí de las propias ideas. En ciertos procesos creativos, como escribir una poesía o una obra literaria de ficción, los autores hablan de que algunas ideas afloran en su mente más como fruto de la inspiración que como resultado de un proceso reflexivo o racional. Lo mismo podríamos decir de muchas de las ideas graciosas que se les ocurren a las personas que tienen facilidad para el humor, y que parecen proceder más de asociaciones mentales espontáneas que de la reflexión consciente y racional.
El problema es que la diferenciación de estos dos tipos de procesamiento se basa en la información que se expone en la consciencia de cada individuo o, dicho de otra forma, en la información de la que este tiene conocimiento. Esto hace que sea extremadamente difícil confirmar de forma empírica cualquier hipótesis al respecto, lo que ha hecho que en general la comunidad científica no esté demasiado interesada en su estudio. No obstante, algunos autores como Howard Gardner o Daniel Goleman ya hablan de otras inteligencias más allá de la inteligencia racional. Incluso el psicólogo Daniel Kahneman, premio Nobel de economía en 2002, en su obra Pensar rápido, pensar despacio (2011) también habla de dos modos de procesamiento mental: el del sistema 1, que es más rápido, instintivo y emocional, y el del sistema 2 que es más lento, lógico y racional.
En cualquier caso, y más allá de todas las dificultades que tiene su identificación y estudio, la comprensión de los procesos mentales espontáneos y no racionales resultará clave en cualquier hipótesis que pretenda acercarse al complejo funcionamiento de nuestra mente.
